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  • Walter Gaydou

El Dilema de la Carne



Cuando alguien cocina a las brasas maneja un tiempo distinto, la calma y la paciencia son ingredientes fundamentales para que todo salga bien. El manejo de las brasas, la intensidad de su calor y la altura de la parrilla cosas a tener muy en cuenta.


El mimo a las carnes en cuanto a su salazón y la temperatura que debe tener son importantes para que la cocción sea perfecta.


Aunque un perfecto asado no existe en tanto y en cuanto los cortes que hemos seleccionados no sean lo suficientemente tiernos y de calidad. Este es el tema del que quiero hablar.


Lamentablemente este mundo globalizado e impersonal nos ha puesto las cosas más difíciles a la hora de elegir nuestra carne para cocinar, ya que la mayoría de los mortales tienen que comprar la carne en los supermercados. Los refrigeradores no nos saludan ni ven nuestra cordial cara, es más, si vieran nuestra cara se compadecerían, ya que es de desesperación, duda y desconcierto. Nadie nos ayuda, solo podemos apelar a la suerte y a nuestro “buen ojo” para seleccionar aquel trozo que nos hará disfrutar o sufrir en la mesa… aunque no lo sabremos hasta el momento del primer bocado.


Pero muchos de nosotros todavía podemos gozar del CARNICERO TRADICIONAL, que es el que tiene su propio negocio y lo maneja de forma familiar y cordial, entablando con sus clientes conversaciones de lo mas variadas. Éstas van desde el clima hasta filosofía de vida; pasando por formas de cocinar, política y moda. Sobre todos estos temas podemos opinar y hasta diferir con sus pensamientos.


Solo hay un tema sobre el cual no nos conviene hablar, EL FUTBOL. Y si no nos queda otra posibilidad, les recomiendo que antes de abrir la boca, miren las paredes de la carnicería para ver los posters y camisetas que tiene colgadas. Opinar en contra del equipo de sus amores atentaría contra la calidad y ternura de la carne que nos venda y nos enteraremos de su venganza cuando ya sea tarde.


Por tanto, mi consejo es que tengamos una relación “intima”, afectiva y sin conflictos con él, de esta manera podremos llevar a la mesa cosas maravillosas. Por lo contrario, una relación fría y distante nos hará padecer veladas gastronómicas decepcionantes.


Un punto intermedio entre el carnicero tradicional y las impersonales góndolas son LAS CARNICERIAS DE SUPERMERCADO, que son atendidas en forma rotativa por diferentes personas y que por su carga de trabajo no se involucran en conversaciones banales con nadie. Ellos tienen la posibilidad de vendernos un excelente trozo de carne, pero siempre nos quedará la duda si lo mejor se lo dieron al anterior cliente o se lo darán al que viene después de nosotros.

En este lugar y situación, mientras esperamos que llamen nuestro número, nos aborda otro dilema: ¿Qué cara poner cuando nos atiendan?


Si ponemos cara de entendido en la materia para intimidarlo corremos el riesgo de parecer soberbios y que nos dé el peor trozo de carne. Si ponemos cara de no saber nada del tema, apelando a su compasión, podemos lograr lo mismo que en el caso anterior.


Por tanto, mi consejo es que practiquemos en el espejo antes y vayamos con la mejor cara de POCKER, tal vez tengamos suerte y ganemos la partida.


Volviendo a la triste realidad de nuestra relación “carnal” con las neveras del supermercado, no quiero olvidarme de hablar de las BANDEJAS DE CARNE: Ellas se encuentran una al lado de la otra y generalmente ordenadas por tipo de corte y animal. La mayoría de las veces son blancas o rosadas, poseen una toallita en su interior y nos dejan mirar la carne desde una ventana de plástico transparente llena de etiquetas informativas que a veces nos impiden ver que hay dentro.


La forma y técnica de elección es casi siempre la misma, nos paramos en el sector que nos interesa y comenzamos a analizar cuál sería la mejor bandeja, la levantamos para verla de cerca, la ponemos de costado para ver, sin éxito, si la parte de abajo es de la misma calidad o nos quieren ocultar algo. Esta operación la repetimos con todas las bandejas del corte que deseamos comprar y siempre con la duda como resultado.


Muchas personas que todavía creen en la caridad humana miran a su alrededor para buscar una segunda opinión o ver si algún entendido en la materia lo ayuda. Otros por orgullo o vergüenza no preguntan a nadie y se van con la bandeja elegida confiando sólo en la suerte.

Podemos concluir entonces que el DILEMA DE LA CARNE nos deja tres enunciados que tiene que ver con nuestras relaciones interpersonales:


  1. Las bandejas de carne del supermercado no tienen sentimiento, no hablan y esconden secretos, por lo tanto, es mejor ir siempre con un amigo o familiar que nos dé consejo para hacer la compra.

  2. La buena calidad y terneza de la carne es directamente proporcional a la calidad de la relación que tengamos con el vendedor de la misma.

  3. La felicidad gastronómica y alimentaria de nuestra familia, amigos o invitados cuesta más tiempo y dedicación que dinero.


Para los que nos gusta la carne, este es todo un tema, pero también para los vegetarianos, que también la tienen “cruda” a la hora de comprar y elegir. Para ellos va mi solidaridad.


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